Como el gol de visitante vale doble, hasta el empate 1-1 en la Bombonera le dará el pase a cuartos.
Puede jugar de azul y oro o amarillo furioso, cábalas al margen. Puede creerse o no candidato, tal cual pidió el técnico la noche previa en la sesión de videos. Puede jactarse de su chapa internacional. Lo que no puede permitirse Boca es jugar apenas un rato, entregarse a algún destello individual. Porque el resultado que se lleva de esta orilla es bueno. Al cabo, se clasificará a cuartos hasta empatando 0-0 o 1-1 en la revancha del jueves. Pero el nivel de anoche, el mismo que lo hundió en el Clausura, no le alcanza para ilusionarse con la Copa. Tuvo todo Boca aquí para buscar las respuestas futbolísticas que no venía encontrando. De entrada halló lo que todo equipo pretende en cualquier partido: un gol. Pateó Gaitán un corner y lo conectó Palermo. De primera, cayéndose y agarrado por Curbelo, el Titán la puso contra un palo. Más confianza, imposible. El desarrollo le ofrecía todo para consolidarse y explotar los espacios que dejaría Defensor. Pero ocurrió lo contrario.
Fue como si Boca no hubiera atrapado el 1 a 0 rápido. Porque jamás controló la pelota. Y cuando la tuvo le costó muchísimo manejarla. Así quedó en claro que Riquelme, aun con un pie maltrecho, es más que importante en el funcionamiento ofensivo de Boca. Los pibes encargados otra vez de la conducción, Chávez y Gaitán, no le encontraron la vuelta a sus roles. Encima Palacio pareció frenado, como si no se sintiera pleno. Y ocurrió lo que venía padeciendo Boca. Casi no creó situaciones y fue muy tibio de tres cuartos hacia arriba. Tenía razón Palermo en sus cuestionamientos previos. Defensor equilibró explotando en especial los laterales, donde Ibarra (estuvo en duda hasta un par de horas antes del partido por molestias musculares) y Morel no se mostraban firmes. Por ahí Defensor generó varias infracciones y complicó a Boca con la pelota parada.
De hecho, no por un foul pero sí por un corner, llegó al 1 a 1 por esa vía. Ejecutó De Souza, Pintos le ganó ¿con la mano? a Cáceres y Gaglianone la empujó, habilitado por Ibarra, quien había quedado pegado al palo. Lo merecía Defensor porque se había arrimado tres veces con peligro (en una, el tiro de Pintos rozó el travesaño). Lo merecía Boca porque casi no había cruzado la mitad de la cancha tras el acierto de Palermo. Boca mejoró en el complemento ayudado por dos circunstancias: a los 50 segundos, Morel evitó el 1-2 sacando en la línea un tiro de Marchant que tal vez hubiera sido lapidario; y a los 12, Palermo quiso patear al arco, pifió y dejó solo a Palacio, quien tocó entre las piernas del arquero. Boca, que ya había exhibido un crecimiento, con el 2-1 mostró lo mejor. Controló la pelota. Levantaron Chávez y Gaitán. Palacio estuvo más activo. Y hasta insinuó el tercero.
Hubo un cabezazo de Palermo (en una jugada que él inició) que el arquero sacó al corner. En los últimos 15 y con dos cambios, Ischia intentó cerrar el partido (Krupoviesa por Gaitán) y ganar peso aéreo en las pelotas detenidas (Viatri por Palacio). Pero Boca dejó escapar el triunfo: tras un lateral, Ibarra no respondió, cayó un globo en el área, Abbondanzieri no salió a tiempo, Krupoviesa no siguió a Mora y éste acertó. Pudo ser victoria, fue empate. Igual no está mal para Boca. Lo que sigue sin convencer es su juego. No tiene por ahora fútbol de campeón.
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